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Matías Butelman en la FFyL: el desafío de construir una infraestructura digital propia frente a la inteligencia artificial

En el marco del lanzamiento del Laboratorio de Humanidades Digitales y Ciencia Abierta, el especialista en infraestructura digital para el patrimonio cultural reflexionó sobre el futuro de las colecciones y los archivos, las tensiones del acceso abierto y la necesidad de que las universidades desarrollen capacidades tecnológicas propias. “Hay que hacerlo de una forma más consciente de lo que está en juego cada vez que lo publicamos”, advirtió.

imagen Matías Butelman en la FFyL: el desafío de construir una infraestructura digital propia frente a la inteligencia artificial

La digitalización de libros, documentos, fotografías y otros bienes culturales suele presentarse como una vía para ampliar el acceso al conocimiento. Sin embargo, ¿qué sucede cuando esos materiales se convierten en datos que circulan por infraestructuras controladas por grandes empresas tecnológicas? ¿Qué capacidades necesitan las instituciones públicas para preservar, organizar y gestionar la información que producen? ¿Cómo pueden intervenir en la construcción del conocimiento que circula a través de los sistemas de inteligencia artificial?

Estas preguntas atravesaron la conferencia «Colecciones y archivos frente a la inteligencia artificial. La paradoja de lo abierto en contexto latinoamericano», que Matías Butelman brindó el viernes 23 de octubre en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo. La actividad se desarrolló en el marco del lanzamiento del Laboratorio de Humanidades Digitales y Ciencia Abierta y propuso revisar algunos de los supuestos que acompañaron la expansión de internet, la digitalización de las colecciones y las políticas de acceso abierto.

En una entrevista con la FFyL, Butelman profundizó estos planteos y puso el foco en un desafío que excede la incorporación de herramientas: las universidades necesitan tomar decisiones institucionales conscientes y sostenidas sobre cómo producen, organizan, preservan y ponen en circulación sus datos y su información científica.

De las bibliotecas digitales a la gestión de los datos

Licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires (UBA), Butelman es cofundador de Bibliohack, una iniciativa que desarrolla sistemas de gestión de colecciones, equipamiento de digitalización y capacitación técnica para bibliotecas, archivos y museos de América Latina y España. Actualmente dirige el Programa de Patrimonio Cultural del Colegio Nacional de Buenos Aires.

Su recorrido en este campo comenzó a partir de una necesidad concreta: desarrollar una biblioteca digital para el Colegio Nacional de Buenos Aires, donde trabajaba en los sistemas web. A partir de una colaboración con Juan Pablo Suárez y de experiencias previas vinculadas con la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, se inició un trabajo que daría origen a Bibliohack.

Con el tiempo, la experiencia permitió advertir que digitalizar materiales era apenas el comienzo. A medida que aumentaba el volumen de contenidos disponibles, surgían nuevos problemas: cómo gestionar los objetos digitales, describirlos, organizar sus datos y desarrollar herramientas para encontrar y consultar la información.

Esta transformación también modificó la manera de pensar el patrimonio cultural. Una biblioteca digital no se sostiene únicamente con imágenes o documentos disponibles en una plataforma. Necesita procesos de catalogación, criterios de descripción, herramientas tecnológicas y equipos capaces de garantizar su gestión a largo plazo.

Para Butelman, otro desafío pendiente es fortalecer la colaboración entre instituciones y equipos de trabajo. En Argentina, señaló, las experiencias de digitalización y los sistemas de gestión se han desarrollado muchas veces de forma fragmentada, lo que dificulta la integración y la circulación entre colecciones digitales.

La cuestión, por lo tanto, no pasa solamente por disponer de recursos tecnológicos, sino también por construir mecanismos institucionales que permitan compartir conocimientos, articular sistemas y aprovechar capacidades que ya existen.

La universidad pública como espacio de experimentación tecnológica

Durante la entrevista, Butelman destacó que las universidades cuentan con una combinación de recursos especialmente valiosa: bibliotecas, archivos, producción científica, profesionales especializados y conocimientos técnicos desarrollados en sus propias carreras.

Sin embargo, esas capacidades no siempre se aprovechan de manera integrada para resolver necesidades de las propias instituciones. Para el especialista, es necesario revisar las formas de organización y de trabajo que dificultan la cooperación entre áreas, disciplinas y equipos.

“Hay algo ahí de que la universidad podría ser su propio campo de experimentación”, planteó al referirse a la posibilidad de aprovechar los conocimientos que se producen en la educación superior para desarrollar soluciones tecnológicas destinadas a sus propios sistemas y procesos.

Esta perspectiva propone ampliar el lugar que ocupa la tecnología en la vida universitaria. Las carreras, los equipos informáticos, las bibliotecas y los espacios de investigación pueden contribuir a diseñar herramientas, gestionar información y resolver problemas concretos de manera colaborativa. El desafío consiste en generar las condiciones para que esas capacidades se encuentren y produzcan resultados sostenibles.

En este sentido, el especialista remarcó que las universidades públicas no deberían limitarse a utilizar tecnologías desarrolladas por terceros. También pueden participar activamente en la construcción de soluciones, a partir del conocimiento que producen y de herramientas existentes, incluidas las de código abierto.

Aun en un escenario de restricciones presupuestarias, sostuvo, es importante explorar formas de trabajo que permitan integrar los recursos humanos y técnicos disponibles. La innovación institucional requiere decisiones, coordinación y una perspectiva que reconozca la infraestructura digital como parte de las condiciones necesarias para producir y preservar conocimiento.

Preservar el patrimonio también significa gestionar sus datos

La preservación digital presenta desafíos específicos según el tipo de colección. Los libros antiguos, las fotografías, los mapas, las transparencias y otros materiales requieren condiciones particulares de manipulación, conservación, digitalización y descripción.

Butelman explicó que, aunque cada objeto necesita un tratamiento acorde con sus características materiales, muchos procedimientos de gestión convergen una vez que la información se incorpora a los entornos digitales. En esa etapa adquieren especial relevancia los metadatos, los criterios de indexación, la organización de las bases de datos y las herramientas que permiten recuperar los contenidos.

Este trabajo técnico no siempre resulta visible para quienes consultan una colección en línea. No obstante, es decisivo para que los materiales puedan encontrarse, comprenderse, relacionarse y conservarse en el tiempo.

Por eso, el especialista advirtió sobre la distancia entre enunciar la importancia de la digitalización y resolver los problemas concretos que implica. La preservación digital necesita planificación y desarrollo institucional; no se completa simplemente al subir documentos a internet.

El planteo también invita a reconocer el papel de quienes trabajan en bibliotecas y archivos. Para Butelman, es necesario fortalecer el reconocimiento profesional de estas tareas y facilitar que sus saberes participen de las decisiones sobre la infraestructura de información de las universidades y del sistema científico.

 

imagen Sitio web Bibliohack

Sitio web Bibliohack

Acceso abierto e inteligencia artificial: ¿quién gestiona la información?

Uno de los ejes centrales de la charla fue la tensión entre el acceso abierto y el uso masivo de información por parte de las grandes empresas tecnológicas. Cuando una institución pública pone sus colecciones a disposición de la sociedad, esos materiales también pueden ser utilizados para alimentar sistemas de inteligencia artificial, sin que exista necesariamente una relación de reciprocidad con las organizaciones que los producen, describen y preservan.

Frente a este escenario, Butelman propuso ir más allá de la discusión entre abrir o restringir el acceso. La pregunta fundamental es quién construye, comprende y gobierna la infraestructura que transforma las colecciones culturales en datos.

El especialista reconoció que la circulación digital de los contenidos presenta nuevos riesgos y que algunas instituciones podrían verse impulsadas a limitar el acceso a sus fuentes de información. Sin embargo, su planteo no se reduce a optar por el cierre: sostiene que es necesario desarrollar una capacidad institucional que permita decidir de manera informada qué se publica, en qué condiciones y con qué herramientas para preservar y gestionar los materiales.

“Hay que hacerlo de una forma más consciente de lo que está en juego cada vez que lo publicamos”, señaló. La reflexión introduce una dimensión estratégica en las políticas de acceso abierto: garantizar la disponibilidad de los contenidos requiere considerar también su organización, su tratamiento posterior y las condiciones en las que circulan.

En este contexto, Butelman recuperó la propuesta de fortalecer grandes conjuntos de datos estructurados desde las instituciones públicas, en lugar de intentar competir directamente con las grandes empresas mediante la construcción de modelos propios de inteligencia artificial. La disponibilidad de información bien organizada podría contribuir a ampliar las fuentes que alimentan estos sistemas y ofrecer otras referencias para la producción automatizada de conocimiento.

Para ello, no alcanza con acumular documentos. Se necesitan estructuras que permitan extraer, describir, relacionar y ofrecer los datos en formatos adecuados para su procesamiento. Esa infraestructura constituye una condición para que las instituciones puedan incidir en las narrativas y los conocimientos que circulan en los entornos digitales.

De consumir información a producir infraestructura

Otro de los aspectos destacados de la entrevista fue la necesidad de revisar cómo se entiende la brecha digital. Para Butelman, las mediciones tradicionales suelen concentrarse en el acceso a internet, la cantidad de dispositivos o el consumo de información. Sin embargo, esa mirada deja en segundo plano la capacidad de las instituciones y las comunidades para producir datos, diseñar sistemas y desarrollar herramientas tecnológicas.

La diferencia es significativa: acceder a contenidos no equivale a tener la capacidad de organizarlos, preservarlos, publicarlos o construir infraestructura para que otros puedan utilizarlos.

En el ámbito universitario, esta distinción permite formular preguntas concretas. ¿Los sistemas están integrados? ¿La información producida puede respaldarse y recuperarse? ¿Las colecciones se encuentran descritas de manera que puedan consultarse y relacionarse? ¿Las instituciones cuentan con equipos y procesos que les permitan sostener sus recursos digitales?

Estas preguntas trasladan la discusión tecnológica al terreno de las decisiones institucionales. Antes de definir posiciones generales sobre el uso de datos o la inteligencia artificial, las universidades necesitan conocer sus propias capacidades, identificar sus limitaciones y fortalecer sus procesos internos.

Butelman señaló, además, que las herramientas existentes abren una oportunidad para desarrollar soluciones contemporáneas aprovechando conocimientos y recursos disponibles en la región. Para hacerlo, es necesario asumir que la infraestructura digital no constituye un aspecto secundario de la producción científica y cultural, sino una condición que influye en la posibilidad de preservar, comunicar y hacer circular el conocimiento.

imagen La FFyL inauguró el Laboratorio de Humanidades Digitales y Ciencia Abierta

La FFyL inauguró el Laboratorio de Humanidades Digitales y Ciencia Abierta

El Laboratorio de Humanidades Digitales y Ciencia Abierta: un espacio para construir capacidades

Los interrogantes planteados por Butelman dialogan con los desafíos que aborda el Laboratorio de Humanidades Digitales y Ciencia Abierta de la FFyL. Su puesta en marcha abre un espacio para promover cruces entre las humanidades, las tecnologías digitales y las prácticas de producción, organización, preservación y circulación del conocimiento.

La experiencia también invita a pensar el trabajo con colecciones y archivos desde una perspectiva que reúna dimensiones técnicas, profesionales e institucionales. La digitalización, la gestión de datos, la preservación y el acceso abierto requieren conocimientos especializados y formas de colaboración que atraviesen las estructuras tradicionales.

En un escenario en el que la inteligencia artificial modifica las condiciones de producción y circulación de información, el desafío para las universidades públicas es construir una posición propia: aprovechar las herramientas disponibles sin delegar por completo las decisiones sobre sus datos, su patrimonio y su producción científica.

La reflexión de Butelman deja planteada una premisa central: el futuro digital de las instituciones no depende únicamente de las tecnologías que adopten, sino también de su capacidad para organizarse, colaborar y participar activamente en la infraestructura que sostiene el conocimiento.

FFyL · UNCuyo

Humanidades digitales y ciencia abierta

Colecciones, archivos e inteligencia artificial: miradas y herramientas para pensar los desafíos de la información y el patrimonio en la actualidad.

Conferencia completa de Matías Butelman

«Colecciones y archivos frente a la inteligencia artificial. La paradoja de lo abierto en contexto latinoamericano».

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Laboratorio de Humanidades Digitales y Ciencia Abierta

Conocé la iniciativa de la Facultad de Filosofía y Letras y su propuesta para impulsar el trabajo con tecnologías digitales y conocimiento abierto.

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