La evidencia científica detrás del estudio: ADN antiguo, mestizaje y desigualdad en la Mendoza colonial
Este estudio investiga cómo se configuró la sociedad colonial de Mendoza, en la región de Cuyo de la actual Argentina, entre los siglos XVII y XIX. Su punto de partida son varias décadas de investigaciones arqueológicas e históricas dirigidas por el arqueólogo argentino Horacio Chiavazza y su equipo, quienes excavaron y estudiaron los espacios funerarios asociados a diferentes iglesias de la antigua ciudad colonial de Mendoza. Estos trabajos ya habían demostrado que las prácticas funerarias estaban estrechamente relacionadas con la organización social de la sociedad colonial. El lugar donde se enterraba a las personas (dentro o fuera de una iglesia, y en qué iglesia) estaba asociado a diferencias de riqueza, posición social y acceso a determinados espacios funerarios. La arqueología había proporcionado, por lo tanto, una imagen bastante clara de cómo se expresaba la desigualdad social a través de las prácticas funerarias y de cómo se organizaba espacial y socialmente la ciudad colonial.
Sin embargo, lo que la arqueología por sí sola no podía determinar era la ascendencia biológica de las personas enterradas en estos espacios, los orígenes geográficos de sus antepasados o el grado en que individuos de diferentes orígenes se habían mezclado a lo largo de las generaciones. El ADN antiguo permitió incorporar esta dimensión complementaria. Mediante el análisis de datos genéticos de 28 individuos procedentes de tres cementerios coloniales, el estudio identificó personas con ascendencia del sur de Europa, de África centro-occidental, indígena americana y de distintos orígenes combinados. Esto permitió investigar, a escala individual, cómo se relacionaba la ascendencia genética con la estructura social y funeraria previamente reconstruida mediante la arqueología.
Algunos de los resultados coinciden, en términos generales, con lo que cabría esperar a partir de los registros históricos, pero los datos genéticos aportan una mayor granularidad. La ascendencia europea mostró sus mayores afinidades con poblaciones del sur de Europa, particularmente de la península ibérica. Los individuos de ascendencia africana presentaron sus mayores afinidades genéticas con África centro-occidental, especialmente con poblaciones relacionadas con las de la actual Angola, lo que permitió vincular a la Mendoza colonial con componentes geográficos específicos de la trata transatlántica y del tráfico intraamericano de personas esclavizadas. La combinación del ADN nuclear y mitocondrial también reveló patrones de mestizaje diferenciados según el sexo, incluida la persistencia de linajes maternos indígenas entre individuos de ascendencia mixta.
Uno de los hallazgos más importantes se relaciona con la ascendencia indígena. Las fuentes históricas documentan profundas alteraciones demográficas en Cuyo tras la colonización europea, incluidas la mortalidad, los desplazamientos forzados hacia Chile, las huidas y el traslado de trabajadores indígenas desde otras regiones. En ocasiones, estos procesos han contribuido a construir relatos según los cuales las poblaciones indígenas locales habrían “desaparecido” en gran medida o habrían sido reemplazadas. El ADN antiguo aporta un tipo diferente de evidencia. La ascendencia indígena identificada en la Mendoza colonial presenta sus mayores afinidades genéticas con individuos anteriores al contacto europeo procedentes de Uspallata, en el norte de Mendoza, y con la antigua población de la región de Cuyo en un sentido más amplio. Esto demuestra que una ascendencia arraigada en la región desde antes de la colonización europea persistió en la Mendoza colonial. Las afinidades más amplias encontradas con poblaciones del centro de Argentina, la región pampeana y el norte de la Patagonia probablemente reflejan relaciones demográficas, movimientos y conexiones más antiguos a la llegada Europea entre las poblaciones del Cono Sur, aunque será necesario ampliar el muestreo de genomas antiguos para comprender mejor estos procesos.
Por lo tanto, el estudio no se limita a utilizar la genética para confirmar lo que ya se conocía gracias a la arqueología. La arqueología establece el marco social y espacial, mientras que la paleogenómica permite conocer quiénes eran algunas de las personas que formaban parte de ese contexto, de dónde procedía su ascendencia, cómo se mezclaron las poblaciones y qué ascendencias precoloniales persistieron durante la colonización. Juntas, ambas disciplinas muestran que la organización social colonial estaba fuertemente estructurada por la ascendencia y la posición socioeconómica, aunque ninguna de ellas la determinaba de manera rígida. Individuos con ascendencias similares podían ocupar diferentes posiciones sociales, y personas de ascendencia mixta aparecían en distintos contextos sociales. El resultado es una imagen de la sociedad colonial más compleja que la que cualquiera de las dos disciplinas podría haber proporcionado por separado.