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ADN antiguo: una investigación internacional revela nuevas evidencias sobre el mestizaje y las desigualdades sociales en la Mendoza colonial

Un estudio publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) combina análisis genómicos, arqueología e historia para reconstruir la diversidad de orígenes, las dinámicas de mestizaje y las desigualdades que atravesaron la sociedad mendocina entre los siglos XVII y XIX. El estudio se desarrolló mediante una asociación equitativa entre investigadores de Argentina y Europa y aporta nuevas evidencias sobre la persistencia de la ascendencia indígena y la presencia africana en la historia regional.

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Tres manos superpuestas sobre un mapa de América del Sur simbolizan las relaciones desiguales de poder y la violencia que marcaron la sociedad colonial de Mendoza.( Concepto: N. Rascovan Ilustración: ChatGpt))

¿Cómo se conformó la sociedad mendocina durante el período colonial y qué historias permanecen invisibilizadas en los relatos tradicionales sobre nuestro pasado? Un estudio científico internacional aporta nuevas respuestas a partir del análisis de ADN antiguo de 28 individuos provenientes de tres cementerios coloniales de Mendoza. El trabajo, titulado "Genomas antiguos de Mendoza, Argentina, rastrean la dinámica de la formación urbana colonial en el Cono Sur de las Américas”, integra evidencia genética con décadas de investigaciones arqueológicas e históricas para profundizar en el conocimiento de los orígenes poblacionales, los procesos de mestizaje y las diferencias sociales que marcaron la vida en la ciudad colonial. 

Los autores corresponsales de este artículo son  Nicolás Rascovan (Microbial Paleogenomics Unit, Institut Pasteur, Paris, France) y Horacio Chiavazza (Laboratorio de Arqueología Histórica y Etnohistoria, Instituto de Arqueología y Etnología, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, Argentina).

imagen Excavaciones nivel superficial

Excavaciones nivel superficial

La evidencia científica detrás del estudio: ADN antiguo, mestizaje y desigualdad en la Mendoza colonial

 

Este estudio investiga cómo se configuró la sociedad colonial de Mendoza, en la región de Cuyo de la actual Argentina, entre los siglos XVII y XIX. Su punto de partida son varias décadas de investigaciones arqueológicas e históricas dirigidas por el arqueólogo argentino Horacio Chiavazza y su equipo, quienes excavaron y estudiaron los espacios funerarios asociados a diferentes iglesias de la antigua ciudad colonial de Mendoza. Estos trabajos ya habían demostrado que las prácticas funerarias estaban estrechamente relacionadas con la organización social de la sociedad colonial. El lugar donde se enterraba a las personas (dentro o fuera de una iglesia, y en qué iglesia) estaba asociado a diferencias de riqueza, posición social y acceso a determinados espacios funerarios. La arqueología había proporcionado, por lo tanto, una imagen bastante clara de cómo se expresaba la desigualdad social a través de las prácticas funerarias y de cómo se organizaba espacial y socialmente la ciudad colonial.

Sin embargo, lo que la arqueología por sí sola no podía determinar era la ascendencia biológica de las personas enterradas en estos espacios, los orígenes geográficos de sus antepasados o el grado en que individuos de diferentes orígenes se habían mezclado a lo largo de las generaciones. El ADN antiguo permitió incorporar esta dimensión complementaria. Mediante el análisis de datos genéticos de 28 individuos procedentes de tres cementerios coloniales, el estudio identificó personas con ascendencia del sur de Europa, de África centro-occidental, indígena americana y de distintos orígenes combinados. Esto permitió investigar, a escala individual, cómo se relacionaba la ascendencia genética con la estructura social y funeraria previamente reconstruida mediante la arqueología.

Algunos de los resultados coinciden, en términos generales, con lo que cabría esperar a partir de los registros históricos, pero los datos genéticos aportan una mayor granularidad. La ascendencia europea mostró sus mayores afinidades con poblaciones del sur de Europa, particularmente de la península ibérica. Los individuos de ascendencia africana presentaron sus mayores afinidades genéticas con África centro-occidental, especialmente con poblaciones relacionadas con las de la actual Angola, lo que permitió vincular a la Mendoza colonial con componentes geográficos específicos de la trata transatlántica y del tráfico intraamericano de personas esclavizadas. La combinación del ADN nuclear y mitocondrial también reveló patrones de mestizaje diferenciados según el sexo, incluida la persistencia de linajes maternos indígenas entre individuos de ascendencia mixta.

Uno de los hallazgos más importantes se relaciona con la ascendencia indígena. Las fuentes históricas documentan profundas alteraciones demográficas en Cuyo tras la colonización europea, incluidas la mortalidad, los desplazamientos forzados hacia Chile, las huidas y el traslado de trabajadores indígenas desde otras regiones. En ocasiones, estos procesos han contribuido a construir relatos según los cuales las poblaciones indígenas locales habrían “desaparecido” en gran medida o habrían sido reemplazadas. El ADN antiguo aporta un tipo diferente de evidencia. La ascendencia indígena identificada en la Mendoza colonial presenta sus mayores afinidades genéticas con individuos anteriores al contacto europeo procedentes de Uspallata, en el norte de Mendoza, y con la antigua población de la región de Cuyo en un sentido más amplio. Esto demuestra que una ascendencia arraigada en la región desde antes de la colonización europea persistió en la Mendoza colonial. Las afinidades más amplias encontradas con poblaciones del centro de Argentina, la región pampeana y el norte de la Patagonia probablemente reflejan relaciones demográficas, movimientos y conexiones más antiguos a la llegada Europea entre las poblaciones del Cono Sur, aunque será necesario ampliar el muestreo de genomas antiguos para comprender mejor estos procesos.

Por lo tanto, el estudio no se limita a utilizar la genética para confirmar lo que ya se conocía gracias a la arqueología. La arqueología establece el marco social y espacial, mientras que la paleogenómica permite conocer quiénes eran algunas de las personas que formaban parte de ese contexto, de dónde procedía su ascendencia, cómo se mezclaron las poblaciones y qué ascendencias precoloniales persistieron durante la colonización. Juntas, ambas disciplinas muestran que la organización social colonial estaba fuertemente estructurada por la ascendencia y la posición socioeconómica, aunque ninguna de ellas la determinaba de manera rígida. Individuos con ascendencias similares podían ocupar diferentes posiciones sociales, y personas de ascendencia mixta aparecían en distintos contextos sociales. El resultado es una imagen de la sociedad colonial más compleja que la que cualquiera de las dos disciplinas podría haber proporcionado por separado.

 

imagen Excavaciones

Excavaciones

Relevancia más allá del ámbito científico:

 

La importancia de este trabajo también trasciende el caso de Mendoza. La colonización europea transformó profundamente las sociedades de todo el continente americano, pero no fue un proceso uniforme. Sus consecuencias demográficas dependieron de la región, del período histórico, de las sociedades indígenas preexistentes, de las rutas migratorias, de los sistemas económicos, de las modalidades de esclavización y de las formas locales de organización social. Comprender cómo se formaron las sociedades coloniales requiere, por lo tanto, estudiar múltiples lugares, en vez de asumir que los casos más estudiados a nivel genómico en México, Perú, el Caribe o América del Norte pueden representar al continente en su conjunto. Mendoza constituye un caso particularmente interesante porque fue un centro estratégico que conectaba las vertientes atlántica y pacífica del Cono Sur y estuvo influido por los movimientos de europeos, pueblos indígenas y africanos esclavizados a través de este corredor transandino.

Esta perspectiva regional es especialmente importante para Argentina y el Cono Sur. Las narrativas nacionales han enfatizado históricamente la inmigración europea y la construcción de una sociedad y un Estado-Nación predominantemente europeo, mientras que las contribuciones indígenas y africanas fueron frecuentemente minimizadas, marginadas o invisibilizadas. La investigación genómica no puede definir las identidades contemporáneas, ni tampoco la ascendencia genética debe reemplazar las historias de las comunidades o el derecho a la autoidentificación. Sin embargo, puede proporcionar evidencias independientes de que poblaciones cuya presencia histórica fue frecuentemente invisibilizada contribuyeron de manera sustancial a la formación de las sociedades coloniales y contemporáneas. En este sentido, estudios como este pueden ayudar a reincorporar las historias indígenas y africanas a los relatos históricos de los que a menudo han sido excluidas.

Finalmente, el artículo representa una manera particular de llevar adelante investigaciones basadas en ADN antiguo, un campo que ha sido foco de controversias respecto a sus modalidades de trabajo. En lugar de considerar la genética como la disciplina que tiene la última palabra a la hora de explicar el pasado, el proyecto fue concebido a partir de un verdadero diálogo entre la arqueología, la historia, la antropología y la paleogenómica. La investigación arqueológica en Mendoza existía mucho antes del estudio genético y proporcionó las preguntas, el conocimiento contextual y el marco interpretativo en el que posteriormente se integraron los datos de ADN. La genética incorpora, por lo tanto, una nueva fuente de evidencia a un programa de investigación desarrollado localmente y que ya estaba en marcha, en lugar de reemplazar sus interpretaciones o establecer desde el exterior sus líneas de investigación.

El mismo principio se aplica a la colaboración internacional que hizo posible este trabajo. El estudio se desarrolló mediante una asociación equitativa entre investigadores de Argentina y Europa, en la que los equipos de ambas regiones participaron en la formulación de las preguntas, la interpretación de los resultados y la elaboración del manuscrito. Los investigadores argentinos no son simplemente proveedores de material arqueológico, ni el laboratorio europeo se posiciona como el único centro de producción intelectual. Por el contrario, la experiencia y la infraestructura paleogenómica disponibles en Europa se incorporaron a un programa de investigación desarrollado localmente en Mendoza, mientras que el liderazgo científico se comparte entre ambas regiones. Esto convierte al estudio no solo en un ejemplo de lo que puede aprenderse al combinar la arqueología y el ADN antiguo cuando entran en verdadero diálogo, sino también en un modelo cooperativo y sinérgico de investigación internacional, en el que diferentes disciplinas y comunidades científicas contribuyen de manera verdaderamente complementaria.

En el contexto actual de recortes sostenidos al sistema científico argentino bajo el gobierno de Javier Milei, sumados a las tendencias globales más amplias de reducción de los presupuestos destinados a ciencia y tecnología, y particularmente las ciencias sociales, la construcción de redes internacionales de investigación equitativas puede constituir una vía posible para fortalecer la resiliencia de las infraestructuras de investigación y contribuir a proteger la actividad científica frente a las dificultades y posibles interrupciones provocadas por el desfinanciamiento crónico.