¿Cómo se mide la impronta de un autor, de una escritura, de una trayectoria? Un indicador (aunque no el único) puede ser su capacidad para trascender el campo en el que inicialmente se inscribe. A cuarenta años de su fallecimiento Jorge Luis Borges y su universo literario han demostrado abiertamente poseer esa capacidad.
En el interior mismo del campo literario en el que se inscribe, la obra de Borges reconfigura el sistema de la poesía primero, en la década de 1920 con la adopción de un criollismo vanguardista y la reinvención mítica de la ciudad de Buenos Aires en Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martín (1929). En la década del ’30, recreará el género de las biografías imaginarias – siguiendo el magisterio de Marcel Schwob – con su Historia universal de la infamia (1935). A partir de esa década y en la posterior, sus tentativas en el espacio de la narrativa y sus especulaciones teóricas renovarán un género considerado menor hasta ese momento: el del relato policial. Un mismo potencial tendrán sus relatos fantásticos. Los testimonios de estas innovaciones se recogen en volúmenes como Ficciones (1944) y El Aleph (1949). También dejará una huella significativa en el cultivo de la microficción. Por último, a través de sus reseñas, ensayos e incluso de pasajes metapoéticos en sus obras de ficción, divulgará autores de la literatura universal, impondrá nuevas formas de lectura y renovará la estructura del canon literario argentino y mundial. Pudo realizar esta proeza por su conocimiento enciclopédico y profundo de la tradición literaria y de las culturas de occidente y oriente. Se trata de un aspecto de su personalidad que las investigaciones de Mariela Blanco sobre los cursos y conferencias que dictó desde la década de 1930, Lucas Adur (2025) en su exhaustiva reconstrucción biográfica, Laura Rosato y Germán Álvarez (2010) en su estudio sobre la colección Jorge Luis Borges en la Biblioteca Nacional o Daniel Balderston (2021) sobre las técnicas compositivas del autor a través del examen de versiones manuscritas, han puesto de relieve.
Esta potencia para reconfigurar el sistema literario es razón suficiente para su encomio. Y sin embargo, la obra de Borges trasciende estas fronteras. Borges recupera ciertos nudos aporéticos de la filosofía y del pensamiento contemporáneo, como, por ejemplo, el problema de los universales. En este sentido, Juan Arana (1994) considera que las ficciones de Borges son “(…) un excelente banco de pruebas para las doctrinas filosóficas, un medio admirable para hacer filosofía ‘experimental’. (...) Los personajes de las ficciones borgianas encarnan y llevan hasta sus últimas consecuencias ciertas ideas para verificar cómo evolucionan y cuáles son sus implicaciones al hilo de las exigencias que impone la lógica del relato artístico”. Se trata de un camino de ida y vuelta ya que figuras destacadas del pensamiento contemporáneo, especialmente en el espacio de la reflexión posestructural, recurren a la obra de Borges para problematizar tales nudos aporéticos. Un ensayo como “El idioma analítico de John Wilkins” constituye el punto de partida de Les mots et les choses (1966) de Michel Foucault y es retomado por el lingüista cognitivo George Lakoff en su estudio Women, fire and dangerous things (1987) para resaltar el carácter situado, provisorio, parcial y cultural de todo intento de taxonomía. Por su parte, Gilles Deleuze, al reflexionar sobre las relaciones entre semejanza y diferencia en Différence et répetition (1968), recurre a ejemplos de “Pierre Menard, autor del Quijote”, “El jardín de los senderos que se bifurcan” y “La lotería en Babilonia”, por ejemplo. La seducción que ejerce la obra de Borges podría además rastrearse en la filosofía del derecho, los estudios sobre religiones, las matemáticas y las reflexiones sobre la construcción y los modos de circulación de contenidos en la web.
La impronta borgiana trasciende además este campo de la alta cultura. Su figura en tanto estereotipo del escritor vinculado a la ciudad de Buenos Aires permea las letras del rock nacional. Basta un somero listado: está presente en “Bar imperio” de Miguel Mateos, “Sin tu amor” de Fabiana Cantilo, “Qué tal” de Divididos o “Este es el final de mi carrera” de Andrés Calamaro. Un testimonio ejemplar de la fascinación que ejerce su poesía se encuentra en el álbum en vivo Caja de música (2000, 2005) de Pedro Aznar que musicaliza once poemas del autor.
Algunas locuciones típicamente borgianas como “ir al muere” o “no nos une el amor sino el espanto”, ya impregnan, extraídas de su contexto poético originario, el lenguaje cotidiano tanto en Argentina como en otros países de habla hispana.
Para finalizar estos apuntes regreso al espacio literario en el que se origina su universo. Y elijo un testimonio que me resulta de singular importancia. Se trata de una elegía que Enrique Molina (1910-1997) le dedica en su libro Hacia una isla incierta (1992): “Años y años su mano salía de las nubes/ para trazar en el cielo las constelaciones de la imagen, /pero no seguido por las furias o las bellas bacantes de la transgresión/ sino con la mirada infalible de alguien que mide por milésimas el peso de una flor, certezas y sueños,/ aunque su certeza era la duda infinita, el poderío de la ola cada vez más lejos hacia nada.// Textos exactos como diamantes mentales/ intercalados entre una esquina de arrabal y un versículo de la Cábala,/ nítidos, de una acuidad casi cruel/ porque las cosas en el fondo de la ceguera ya casi no pertenecen al mundo sino al lujo mental”. La escritura de Molina representa en el sistema de nuestra lírica la antítesis de la de Borges porque los impulsos germinales de su universo literario son la exuberancia, el errar, el deseo, la sensualidad, la exaltación de la riqueza inabarcable del mundo natural. Y a pesar de esa distancia estructural, Molina puede apreciar el legado de ese universo ajeno a su sentir. En su belleza, el fragmento sintetiza una imagen de Jorge Luis Borges y de lo borgiano que ha devenido un ícono y que, en su condición de tal, se extiende hacia todos los niveles de la cultura argentina y universal.