Garnica: “Dar clases es un acto trascendente”

28 de noviembre de 2017, 13:49.

Garnica: Dar clases es un acto trascendente

La profesora Claudia Garnica junto a autoridades de la UNCUYO. Ampliar imagen


La profesora Claudia Garnica fue galardonada por sus 30 años de labor en la UNCUYO. Detalles de una mujer reflexiva, dedicada al saber.

La Prof. Claudia Garnica es adjunta de Literatura Austríaca y Alemana, integrante del Centro de Literatura Comparada (CLC), y del equipo de Movilidad de la facultad. Se define a sí misma,  como una mujer de largo aliento: “Treinta y uno de casada, treinta y siete con mi marido,  y treinta años con el mismo trabajo”.

La profesora rescata el rol fundamental que tuvieron sus seres queridos en su crecimiento profesional que fue galardonado con la medalla que le entregó la UNCUYO por sus 30 años de labor educativa.  ”Me parecía bastante irrelevante la entrega de la medalla hasta que se acercó la fecha. Eso me llevó a reflexionar, me emocioné muchísimo. Y tiene que ver con el ser, y no tanto con lo laboral. Cuando fui a recibir la medalla me acompañó mi marido. Él es parte de este logro, ha sido un compañero maravilloso que apoyó siempre el desarrollo de mi carrera”, concluye.

La especialista rescata que fue un camino difícil, por momentos angustiante.  Hace varios años atrás, el Instituto Goethe le dio una beca por mejor alumna.  Ese viaje fue revelador “Me fui y vi otras formas de vida, de mundo. No es casual que ahora trabaje en movilidad de la facultad” sostiene la docente. Sin embargo, fue duro el tránsito.

La especialista a lo largo de la charla enumera una serie de esfuerzos personales que le demandó su carrera profesional, y todas las dificultades que se presentaron que finalmente fueron sorteadas. “Me casé a los 23, a los 24 nació mi hijo, a los 27 surgió la posibilidad de presentarme en una beca, para estudiar en Alemania. Estuve 3 meses sola, extrañando a mi bebé. Hasta que una amiga alemana invitó a mi familia para que me acompañara”.

¿Cómo fue su recorrido a lo largo de estos 30 años?

Empecé a estudiar, porque me gusta estudiar. Mis opciones eran Abogacía, Psicología, Bioquímica o Letras. Mi padre me había pagado un colegio, y yo no quería que también lo hiciera con la facultad. Me gustaba leer con locura,  mientras estudiaba alemán.

Cuando estudiaba, ya en la facultad, estaba bajando las escaleras y me dije “me gustaría trabajar acá”. Tenía 19 años, y también en ese mismo pensé – aunque recién lo pude hacer en el 2014-   que quería doctorarme.

Estudié para profesora y licenciada en Letras, y además alemán. Y fue allí, cuando el Dr. (Nicolás) Dornheim -que respeté muchísimo-  me incorporó como ayudante alumna.

Luego, cuando fui JTP (Jefa de trabajos prácticos) la ganancia era tan mínima y la exigencia tan alta que me cuestionaba existencialmente qué hacer.

Ya recibida y con mi especialización a cuestas,  hice el caminito que ofrece la UNCuyo para trabajar. Fui ayudante de segunda, después de primera y luego JTP ad honorem,  hasta que el Prof. Dornheim,  pidió mi cargo.

En 1992, también fundé un colegio en Chacras de Coria, y eso me ocupó mucho tiempo. Me dediqué más de 20 años a la docencia secundaria.

En esta facultad, entre otras cosas, soy docente e investigadora del Centro de Literatura Comparada. Todos estos años han sido un crecimiento orgánico, lento.

¿Qué le significa desempeñarse concretamente en la FFyL?

Esto me lo he preguntado. Creo que es algo que puedo hacer bien: lo bueno que yo le puedo dar al mundo. Me cuesta poco, me sale natural, lo hago con muchísima pasión.

Cada vez que doy clases me pongo nerviosa, como si fuera  la primera vez.  Por eso entendí que me moviliza dar clases, es un acto trascendente.

Entiendo que puedo influir en la vida de todas esas personas que están participando conmigo en la clase. Puedo torcer un destino, promoviendo siempre el optimismo, y  ser parte de un proceso. Lo siento como una misión: ayudar a que puedan descubrir todo lo bueno que traen y todo lo bueno que pueden dar.

 

¿Alguna anécdota o recuerdo que nos quiera compartir?

Recuerdo una que fue dura. Cuando trabajaba con el Dr. Dornheim, un día con  todo el entusiasmo, le propuse dar un programa sobre teatro, sobre Bertolt Brecht. El me miró muy serio y me dijo: “eso lo decido yo, que soy el titular”. Yo me desinflé y ahí aprendí las jerarquías. Ese fue un gran aprendizaje.

No tengo anécdotas risueñas. Durante el tiempo que fui estudiante fue difícil, coincidí con el fin de la dictadura. Fueron años raros, en que no sabías en qué momento volvían los militares. Participábamos en las asambleas pero con miedo de que nos metieran presos o nos echaran de la facultad.  De esas épocas me quedó el “antimodelo del profesor”, ya que tuve profesores muy autoritarios, casi perversos podría decirse, que nos trataban muy mal y nos hacían sentir el poder escasísimo que tenían.

Hoy tengo una relación colaborativa con mis pares y eso me gratifica muchísimo. Además soy coordinadora de Alemán para la secretaría de Políticas Lingüísticas, eso es consecuencia de lo que aprendí en la vida y de entender lo importante que es, facilitar el camino para otros.

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